sábado, 1 de agosto de 2009

Fin de los 11 Meses de Otoño: Mala Sangre II

¿Vas a seguir tomando? me pregunto el chico de cabello verde, ya era muy tarde y mi cabeza daba vueltas, no sabia que responderle, sentía que si habría la boca toda mi mierda caería en el piso y de paso el ron, el pisco y la caña que antes las roja me dio para "probar una sensación caliente", mientras el silencio servia de muletilla no dejaba de mirar las 3 cuadras que me separaba de la casa de María, tan cercanas a mi que los lentes rotos podían divisar incluso la humedad que caía en su puerta en forma de gota. Me amarraba mucho el saber que había pasado el año y quizá ella en esos momentos este mirando a la misma dirección donde me encontraba, sin embargo... sin embargo "deja de mirar a la casa de Maria, seguro está tirando con su enamorado, huevonazo" - Piter gritando, Piter siendo mi conciencia diciendo-. No escuche -o quizá no quise escuchar- solo sé que empezó a llover.


No supe por que peleaba, solo recuerdo que Sorow de Bad Religion era la canción que estaba en el momento en mi cabeza, mientras pegaba, mientras golpeaba. La lluvia no dejo paso para que uno de los tantos se rian, la roja se asuste y el chico de cabello verde dijera "guarden huevones ya fue". No supe escuchar o no quise escuchar, solo seguí peleando, seguí llorando en mi cabeza y mi corazón, como un 20, como un día aquel en que me prometio tantas cosas. Piter habia dejado de ser mi amiga cuando la droga llamada viento nos aspiro por completo, esa misma tarde había recibido la carta de renuncia a mi futuro, todo en forma de
universidad, todo al fin de despedir "esta expulsado, mañana viene a recoger sus cosas, su cabellos, sus dientes y el labio roto que le acaban de romper". Solo pensaba en eso, en que la lluvia me tocaba tan tranquilo y los lentes rotos se rompían; Piter en tratar de conectar patadas al estomago que ya no tenia, ambos golpeando, ambos llorando. Al fin de la canción el chico de cabello verde logro tomarme de la espalda, el tío ricardo a Piter por el brazo. Todos se calló y los recuerdos de 20 años atrás en la Lima subterránea vinieron. Como el cuento que admiramos, como el sueño subterráneo que de peleas, rock and roll y alcohol quise respetar. Maria, en mi pared de G3, en mis sonrisas locas, en la promesa.

¿A quién venderme, que bestia adorar? el sonido de la radio componía lo roto en la habitación 18. Mis promesas, mi ferocidad, mi love will tear us apart again, mi piedritas para hacer recordar mis caminos. Mis errores.

Cuando deje el bus verde que me llevaba lejos de casa, descubrí que el caminerito era la reacción a todos los sucesos que estaba construyendo, a mi droga, a mi ilusión.Y puedo tomar esa ilusión como la iniciativa para las contradicciones que me enamoraron, al líquido de cerebros carcomidos por los lentes de color blanco y negro. Por las diatribas.
Como un ser miedoso sin poder controlar mi limosna, como una gris escala de terceros que me veían como el salvador, mientras les escupia todo mi odio, mi fugacidad. Y de pronto, más "dilo".

Caminaba por las calles de Lince, era domingo Joy Division era el único vehículo que reaccionaba a los zumbidos que mi equilibrio producía. Amanerado por complejo quise ser la escoria que en fanzines pudiera reproducir, todo esto para al final poder leerme, poder saber porque tantas cosas malas hacia. Al pasar las 2 de la tarde estaba tirado en el jardín, entre los asientos de los ganadores, de los que tienen 20 soles en los bolsillos y los flash desentonados de su popularidad. La marginación. La danza en la radio. Caminaba por las calles, no acompañado, sino apuñalado en los excrementos fortuitos.

Mañana será otro día.¿ Te diste cuenta Jesús?

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