Caí en fiebre la madrugada del viernes. En un hueco del centro de Lima. Dos rones, la cabeza me da vueltas. Mientras mi celular revienta en llamadas como ese pedazo de pastel. Los amigos que me quieren. Y sinceramente solo quería pasarlo con Tania y Andrea. Pero ella no saldría (de nada sirve mirar las fotos de Natalia, es su amiga) y yo en casa pruebo esa cerveza mientras Elsa lame mi herida. Goles, gritos, la ley y el orden en mi casa. Y un día para querer a papá. Entonces...
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