Estoy en abril. Aunque no podría ser lo de este mes si no cuento lo que pasó este verano y la noche que empezó este mes, sí tan extraño como parece. Solo diré que cuando estuve parado en esa calle de Surco me di cuenta de algo. Sí. Ese algo.
Canción del Eco (1)
Para esto debo remontarme al día que conocí a Ame lia, en la segunda mitad del año pasado. El fines del año pasado estuve muy deprimido, la posibilidad de dejar la universidad y todos mis proyectos. Todas esas formas que se asemejan a mi. Mi Alicia, mi decline. Ese segunda mitad de año fue una mierda sí. Recuerdo solo algunas cosas: Las caminatas bajo la lluvia sin lluvia, las veces que lloré porque no quería ser yo, mi grito silencioso porque mis amigos estén juntos, mi imaginario azul, mis venenos y claro, Colectividades Individuales. La movida en debate... mi sueño subterráneo. Nada va cambiar. Mi contracultura de sentimientos. Recuerdo ese momento. Todos los éxitos y mi manera de no salir en la foto, mi miedo a esas luces que ciegan. Uroboros. Ese día la conocí, no le hable y salí a fumar un cigarro. Y esos lentes e imagen gris, como si yo fuera esa chica con miedos en la espalda.
Lo primero que hice fue ir al norte, a perderme. Tania había sido la persona que me ligaba aun acá y no quería perderla. Dejar atrás mis recuerdos, mi primer "te amo", mi tristeza. No. No. No. Sin embargo regresé a Lima con las manos vacias. Con todos mis miedos sobre mi espalda. Di cuenta que ya no tenía razón de ocultar mis verdaderos sentimientos, sin embargo me dejé sentir. Al fin y al cabo, lo primero que llegaría sería abril. ¿Cómo afrontarlo? ¿Cómo no morir mientras sigo vivo? Entonces los fanzines, entonces. Los discos, entonces. Entonces la movida, entonces. Entonces la noche, esos abrazos, esas puntas de alfiler.
Entonces.
Yo el cobarde, tú la voz en el espejo
Camino por esos meses. Me pregunto por qué salieron tan bien y porque lloraba al ver tantas personas, tantos cariños. La ideología de la desesperanza. La sonrisa a mamá y la lucha por mis placeres. Escondites y mi libertad de caminar por todos estos meses. Tanta prisa. Recuerdo aquel día cuando mi amiga se quiso ahogar y yo empecé a reir. No quiero estar triste por la llamada que no llamó. Quiero sonreír por aquel trapo sucio que sirvió para hacer ese parche. Miro arriba de esa gran puente. Digo no por que no quiero ese sexo bajo las 3 de la mañana. Bailo. Me dejo llevar. Y en ese momento me levanto. En ese momento el chico del periódico toca mi puerta. Y la solicitud de amistad está allí. Y me palteo de los miedoso que soy. ¿Es o no es?. Entonces aquí estoy. Milagros me tira un lapo y acepto. Esta noche va a ser una larga noche para reir.

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