Cuando camino por las calles de esta ciudad, rumbo a mi casa o rumbo a mi habitación, pienso en la infinidad de historias que existen bajo este cielo, los conflictos, las esperanzas, las amabilidades y las gafas que permiten ver el sol que no sale. Me siento en estados de conflictos alterados. Esta tranquilidad y estos sonidos. A veces me pregunto si soy una buena persona o si sé vivir. A veces no lo sé. Caminar a la derecha o a la izquierda; cuando quiero caminar para arriba veo promesas en mi puerta. Me pregunto ¿Qué quiero? y veo en mi habitación fanzines y discos, libros con historias que no son las mias. Como la ciudad y las personas en ella. Me gustaría que Tania me cuide y que el camino a casa no este tan cerca ni tan lejos de ella. Vamos, son solo pasos, aprender a vivir en este mundo. No sé por qué lloro. Dice Tania que es porque no dejo las cosas atrás. Y atrás es un cuadro con fotografías. Yo no lo busco, yo no lo quiero. Ella me encuentra. Y mientras estoy boca arriba en mi techo, no puedo mirar estrellas, solo quiero darme cuenta que estoy en esta habitación, y el camino rumbo a ella no fue en vano. Quisiera solo el silencio y estar allí, convertirme en una fotografía. Y romperla de una vez.
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