En un primer momento es esperar en el paradero. Es invierno y me gusta. Extraño a Pamela, las noches y su sonrisa. Pero esta neblina se mete en mi cuerpo y hace que duerma, duerma mucho esperando en ese paradero.
Después, ya en el bus, recuerdo que quiero hacer mucho: fanzines, discos, viajes. De un distrito a otro, llegar, parar, subir, bajar. Hay una pequeña ciudad de tantas historias que no hace que extrañe a la avenida Garzón cuadra 8. Y sin embargo en esa misma noche estoy durmiendo abrazado. Me siento bien pero su cariño no le sienta bien.
En otro momento del día me encuentro empacando las cajas y buscando alejarme de la UARM; sin embargo, soy consciente de que necesito esa rutina. Y necesito de ese abrazo que no se encuentra en la cuadra 8, ni en Pamela, ni en el desenfreno. Estoy leyendo un libro.
Estoy leyendo bajo mi habitación y la estrella dibujada me da tantas fuerzas, tantas que quiero conquistar el mundo danzando en un viejo contenedor. Pero no me divierte estar así, aún así anhelo lo que pasará y vivo lo que esta pasando. Calmado.
En el fondo sé que soy así, mirando atrás y volteando adelante. No me imagino más cosas pero las cosas no me imaginan así. Como dibujar los pasos una vez dados. Quiero dormir, y dormir mucho pero estos días me parecen más a mi que los días pasados.
Tengo una corazonada, hay cosas nuevas en mi interior y creciendo en el mundo para mi. Debo afrontarlas sabiendo que todo va a perderse una vez diga sí, pero ese sí va a ser la continuación de mis ojos. No debo tener miedo.
Esa estrella dibujada en mi corazón me da tanta fuerza...
No hay comentarios:
Publicar un comentario