lunes, 18 de noviembre de 2013

Aprende a sonreír (o cuando la lluvia de cartas llena esta ciudad) - Parte 1-

Hace tiempo no escribía en este espacio. Busco razones y pienso que es porque no tenía laptop, o no tenía internet. Pero pienso en otras razones que hacen pensar que no quería entrar, no quería complicarme, no quería estar en la nebulosa ni tener momentos tensos pensando en dónde estoy parado ni en qué siento. Las maneras que debo aprender día a día y las formas que debo expresarme sin decir nada. Todas las formas de sentir. Busco razones y no encuentro, solo muchos cuentos que han pasado y no deseo contar. Sin embargo debo cerrar en esta bitácora de vida. Espero leerlo más adelante y mientras que mis jefes no se separan y yo eligo el disco correcto esta vez. Solo vamos (por partes)


1. El día que me (des)enamoré de A


No lo sé, no sé cómo paso en realidad. Y besarla llorando, besarla y querer envolverme en un recuerdo. Pero con mi mente pensando en por qué siempre que quiero ser feliz algo pasa y que la felicidad no es ella. Ni nuestra estrella ni nuestro recuerdo. Fuimos al cumpleaños de Andrea y mientras ella bailaba y se dejaba llevar, yo me dejaba hipnotizar por solo cerrar los ojos y decir ¿Qué es esto lo que siento? Y llorar porque no sentía nada. Y nada quiere decir que mi pensamiento estaba mirando a otro lado, a otro sitio, a otro momento. Y mi estrella observandonos. Y su estrella brillando. Y yo cuidándola como la pequeña que siempre fue. ¿Algún día estaremos juntos? No lo sé, solo sé que ya no quiero estarlo porque ella ya no quiere vivirlo. Caminar, caminar, caminar. Los telefonos siguen sonando en mi mente. Lo que nace cuando muere. Un abrazo y un gracias. ¿Es lo que debo hacer, tú que estar arriba? Cuando estoy con Alessandra y leo lo que escribí antes me pregunto si todo es un ciclo y todo acaba. Y si no es la muerte el final. Sé que lo que brilla se tiene que apagar. Apágate conmigo, pero iluminarme en lo que sigue de este sendero. Y este ciclo se terminó. Gracias Alessandra Sotomayor. Ya nos encontraremos para responderle a ella. Somos lo únicos testigos. 


* Un día vino un chico a venderme ese disco de Gepe, y lo primero que pensé era comprar el disco para regalártelo. Y antes de pagarlo recordé que es mejor no darte nada. Y tampoco sonreír y que tú sonrías. Porque ya no quieres nada mio. Y yo quiero todo de mi. Para dártelo a ti. (No lo compré)

Fin de la primera parte


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