Caminar, caminar, caminar. No soy una persona complicada, eso siempre dicen, pero caminar hace que piense y que exteriorice todo lo que pasa en mi cabeza: las confusiones, los colores, los sinsabores. Trato de pasar la vida bien, no suelo fijarme en los detalles pues el conjunto es lo que significa la sutileza de sentir todo, en mi interior o en el ocaso. Es lindo caminar a pesar que las canciones no sean las adecuadas y los lugares no seas los mismos. Como la habitación de Tania o mi propia habitación. Nada es lo mismo. Crezco o evoluciono en un punto donde convierto esa sensación en una etiqueta de "cero", "no duele", "quiero un cigarro". A veces fumo o a veces duermo con una chica sobre sus pechos. Pero siento que no soy parte de la historia de nadie, solo de las personas a la cual les vendo sus drogas y de mis viejos padres. A veces sigo caminando, pero no puedo exigir que alguien me deje de decir estúpido o que en este ambiente siga oliendo a marihuana. No quiero detenerme, solo quiero ser feliz.
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