jueves, 2 de abril de 2009

El hombre del otro día

Estos últimos días estado escuchando mucho el Hospicios de Leusemia, no ha sido una practica sana como esperaba, pero definitivamente fue un ahogue para todo el vértigo que estos días a tenido mi idiosincrasia.

No puedo definir la sensación de tranquilidad y estoy retomando la disonancia que Audiofobia no me da. Sin embargo, las noches son iguales, con multitud de remolinos, con aplausos para el primero que apague la luz.

Me siento cansado, sí. Los baños a media noche me devuelven la razón y las conversaciones accidentadas causadas por los pequeños evos son productivas mientras no pensemos que descuidamos las lecturas de muchas de las otras cosas.

Escribir, escribir y complicarme. Quiero mudarme creo, o ausentarme como estoy. Invisible como para reír en el palco de la universidad al ver una musa de lentes espejo. La verdad, no la paso mal pero la paso igual. Pero me siento cansado.

Estos días he llorado mucho, hay muchos cielos que aun me esperan. Y así como el delicado sonar de las campanas, hago retumbar más los suicidios.

Mi personalidad es difícil, engreimientos emocionales le digo yo. Y me dejo controlar.

Cada mañana es difícil, empecemos por prender las luces y ver.

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