martes, 16 de junio de 2009

Aire

Me encuentro tantos días después de las luciernagas. Había empezado un día convaleciente de tanto loar, un día aparente entre tanta lluvia de invierno. El camino del loto no queria observarse al amenecer, sin embargo, suponia que después de una tarde, unos chistes y un día en la universidad, las cosas iban a seguir su curso; seguir la rutina que estos días me estaba esperando.

No conte lo que pasó en la noche popita, las cosas salieron bien (supongo), ella vino, ellos vailaron, la fuerza estuvo en la noche, hubo calor y listo. Post completo y seguía mi momento.
Un desayuno con mucho café y la azotea saltaba como la pequeña Elsa; yo miraba en dirección a la neblina que pintaba el puente que me llevaba a su casa. Casa que estoy, casa que teclea cien veces cantando para mi.

Y me paro, las cosas pasan rapido y toc toc, el dolor de un corazón chompa, padres y amigos destruidos. Terno y bajar las escaleras esperando un abrazo, esperando que la mansalva sea tan sutil como precisa. Ya no habia un por ti.

Camine y converse, ¿en verdad cuando llegamos más arriba podemos ser presentes, en verdad?. Converse tanto que las lagrimas eran una laguna donde cisnes lograban volar y dejarme, y dejarme.

Tantas cosas y no poder decirlas juntas. No poderlas decirlas separadas, no poderlas decir amigo.
Toc toc, sigue doliendo. Hay gatos de bronces en la azotea del hueco en donde quiero dormir.

Es como si no necesite calor, como si necesite un incendio. Y ser un bonzo y que ella me queme, que me queme. No entiendo lo que se puede sentir cuando no puedes decir tantas cosas y ser fuerte. No para mi sino para ellos, para los que te necesitan, para los que son tus amigos y los que en realidad quieres que sean parte de ti. Por tí.

¿Qué se siente?, tocar su puerta y querer dormir en su pecho, no pensar nada y que ella resuelva todos mis aspavientos. Fumar y ponerse una capa, tomar otro café de madrugada.

Y sí, todo esto no es suficiente. En la calle ella te puede abrazar, y seguro que no lo entiendes.
Pero eso es lo que quiero, que me abras tu puerta y me dejes llorar, y ser el vencido debajo de tu cama, a lado de tu aparador recordando no yo, no tu, sino ellos.

Un perdedor, un perdedor que conversa con el aire, con las señales que son como punzantes pedazos de fotografias rotas. Y recuerdos, y futuros.

Me gustaria que en cada sonrisa este la respuesta. Y mañana, muy bajito.

Me susurres que esto pasó.

No para mi, no para ti, no para ellos
sino para todos nosotros

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