Y una nostalgia que no quiero aceptar que sea verdad.La noche de aquel jueves en Plaza Washinton estuvo cargada de silencios. Debajo de las calles había muchas personas esperando la razón de sus equivocaciones, entre ellas me encontraba yo, tan equivocado que no daba equivocación por hechos ya pactados.
Fue cuando la conocí, pequeña como ninguna, con la mirada de reojo más sincera que conocí en mi vida. Se llamaba Eliana y aunque los sucesos eran los mismos sentí que debía ser una promesa. Así el silencio en esa noche fue profundo, no hablamos y ella escapó para volver a sus equivocaciones. Yo me seguí equivocando.
Pasó un año, conversábamos porque siempre supe que ella estaba allí en la otra mirada de la victoria, nos conocimos y nos cruzamos. Fue una noche, después de las 8 de la noche, que me vesti de valor, un disco de rock peruano y unas ganas de descubrir la esperanza.
Tenía miedo, como siempre lo tuve y ella hizo nada más que abrir las puertas a esa escalera, la de la Victoria, la de 15 cuadras de idilios, la que empecé a dibujar y a sonreír.
No recuerdo cuando fue el primer beso, recuerdo que ella no quería en 2 meses y la relación que dijimos que sí sin saber que el no podía haber sido una opción. Y así luche.
No recuerdo tampoco como cambiaron los roles, como cambió mis ganas por decirle “abrázame” a mis ganas de decirle “por favor sonríe”. Lo que sí recuerdo que ella fue justa. Justa en sus reclamos, en su silencio y en su amor. Y no lo sentí.
Pasaron los meses y las formalidades se rompieron, las caminatas, las aventuras dentro de casa, nuestro desempeño en el amor. Nuestro desenfreno en una hamburguesa de la gran avenida y nuestro sueño de gontas y cósmicas. Y allí, sí, fue cuando lo sentí.
Considero que ella podría haber sido la mejor madre para mis hijos, considero que ella era la chica correcta y yo el chico incorrecto. Considero que invalidamos nuestro voto por el romanticismo del silencio, que nos ahogamos en requerimientos, en nuestra ignorancia.
Los días pasaron, mi ánimo de aventurero o de rebelde de fin de semana me siguieron, la salida no la encontraba porque estaba debajo de una escalera. Estaba allí pidiéndome que no me vaya y esta allá diciéndome que me cuide. No lo entendía pero sonreír, pero aun así silencio. Fue allí donde le tuve miedo al silencio y me hizo fuerte. Pobre huevón, nomás.
Al año le confesé mi terror, mi “déjame ser parte de esta locura” y fallé. Cual Mala Sangre, cual traición que solo quiero decir “por favor ayúdame” y ella trató de ayudarme, no lo sentí, no lo supo, me comporte como un niño y ella como una niña rosa pastel. Los jardines no estaban preparados para la confrontación. Nosotros tampoco.
Hace poco encontré la carta que nunca le pude dar, lloré mucho lo admito. En estas palabras esta el remake de ella, y la promesa de no volver hacer todo de esto un remake. Me cuesta entender que la extraño, que hay un vacío en mi corazón que siempre fue ciego. Me cuesta entender que mire de frente a la persona que quise olvidar y que no mire de reojo como la vi por primera vez ese jueves de mucho frio. Me cuesta entender que la cagué.
No soy quién para reprocharle nada, el miedo por su silencio es porque nunca pude demostrar mi amor sin ser el mala sangre que soy. Tratando de ser el chico correcto, tratando de callar de una vez mi silencio. ¿Cuántas cosas han pasado desde entonces?.
Mi último sueño con ella fue una pelea en la que sabía que muchos personas se encontraban aplaudiendo. Tuve celos, miedo a perderla y me callé. Tanto odio el silencio, tanto odio se acumulo en mi.
El día de mi último cumpleaños mi disonancia me acompañó. Yo te llame y 100 minutos no valieron nada. Cuanto me cuesta, cuanto me cuesta. La respuesta me la diste y me abrigaste, y cuanto me costó darme cuenta que tu respuesta nunca fue el silencio, que el odio a él me nublaba y tus equivocaciones solo era la manera que tu sentías.
Cuanto me cuesta entender que te deje ir porque no pude, porque fui un cobarde, porque mi lucha y mi ideal me llevó a ser sincero con mi mismo. ¿Pero de que vale ser sincero con mi mismo si no lo fui contigo?. Mañana un ser humano me entregará su humanidad y yo me protegeré con él y el tiempo seguirá pasando. Tu novio vive en otro sitio, tú vives en las escaleras de la victoria y la histeria colectiva siempre estará en toda la ciudad. Yo guardando tu nombre, agradeciéndote todo lo que me diste y guardando la promesa de los dedos meñiques.
Cuanto me cuesta ser a veces yo, cuanto me cuesta saber que tus sentimientos muertos no resucitarán. Cuanto me cuesta no ser tu amigo, que me hayas dado la razón que todo lo que se llama amor se olvida y las promesas no deben valer para nadie. Cuanto me cuesta creer en todo esto.
Tú fuiste mi verdad, la que luchó y triunfó.
Disonancia: El Maquinista - Histeria Kolectiva
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