Terminó la universidad. Caminaba rumbo a la casa de Shebo cuando noté que sí, había terminado. En la casa habían muchas voces, nadie hablaba del final. Por alguna extraña razón no tuve necesidad de reconocerme en ellos, lo único que me mantenía allí era esa luz que me hacía preguntar por qué sentía nostalgia por ese lugar, como si ya hubiera estado allí, como si fuera un sueño. Después hablé con Andrea, no sé cómo vino allí pero sé que estuvo con Alessandra, creo que yo las llamé. Conversé y lloré a pesar que no lloré, por un momento pensé que la culpa lo tenia Sebastian, que él me la había quitado. Sin embargo ella dijo que todo había cambiado y a mi me sonó a una despedida, como si me levantará después de hacer el amor y cogiera una gaseosa verde que me hace recordar a un ron sin gas, a la noche en que me pelee con Jonathan. No entiendo porque lo sentí así, me procura mucho miedo.
No quiero ver a Tania, hay una extraña razón que hace que tenga una sensación agridulce al pensar en ella. Sin embargo prefiero estar en su pequeño cuarto que en mi casa. Mi casa. Siento que hace tiempo no vuelvo a ella; tengo que tomar en cuenta que hace días no duermo en ella. O es donde Tania o es donde Kalos, o tengo de pretexto el cumple de Farid o duermo despierto conversando de revolución en un parque de la Av. La Marina. Hace días que siento que no estoy en mi casa. Quizá le tengo miedo que llegue el jueves. O quizá sigo siendo el pequeño que le tiene miedo a crecer, a ordenar sus cosa, a aprobar Lengua por primera vez. Es extraño.
He recibido muchas llamadas, ninguna las he respondido. Es extraño, Gianfranko me dijo, en esa noche que no había noches, que María ya tenía enamorado. Yo ya lo sabía, pero me vino una necesidad de ir donde Milagros. Es la primera vez que amanezco en un cementerio. Lo supe cuando empecé a leer otra vez y ser un detective salvaje. Linea 1. Conmoción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario