Son los últimos días del año y estado las dos últimas semanas trabajando mucho y pensando poco. Quizá es una manera de protegerme por la depresión que este mes da. Y ni he pensado en eso, ni he pensado en qué voy a hacer el próximo año. No he pensado en nada pero ese trabajo y ese impetu que puse para que todo salga bien terminaron. Hoy es domingo y he mirado mucho mi techo. En el hay muchas estrellas y manchas que no puedo borrar de mi vida. Termina el año y ¿qué he terminado yo? Hoy quería ver películas con Tania y ella quedó en confirmarme ayer si podía. No hubo confirmación ni hablamos. Tirado en esta cama pienso en ella y como quisiera solo pasar con ella este día y ser feliz. Pero también recuerdo que cuando estaba con ella miraba este mismo techo con todas las estrellas que se encuentran en el. ¿Solo soy yo, solo es un estado más en mi fracaso personal, en mis proyectos que necesitan una mujer en mi vida? Pero qué mujer. Por qué pienso en ella aún con tantas mujeres que en mi vida hay y siempre las hubo. Pero no, no lo sé. Tirado y este techo sobre mi, los viajes por la Costa Verde los he tenido muchos y la calma como hoy me invade y me perturba. ¿Qué quiero? Y vuelvo a pensar en Tania y mi mente que me dice "ya basta Víctor, ya basta". Pero inevitablemente, incluso cuando escribo esto pienso y pienso.
Antes de ponerme frente a esta pantalla lloré mucho, no tengo claro por qué pero lo hice. Este año se acaba y son sus últimos días. Y pensé en el sello, en la tienda, en mis amigos, en mi último robo, en las imágenes por la ventana de tantos buses, en los libros que leí, en la furia que contuve, en los conciertos, en esta música, en la inseguridad que hoy me dio saludar a mi vecino. Tú Víctor, el chico, el amante, el adulto, el niño, la duda. Tú.
Y mañana seguro estaré en otra cama, alrededor de muchos brazos, recibiendo besos. Y volveré a pensar lo que escribo ahora. Y a cagarme de miedo. Y ese desorden que me hace continuar.

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