viernes, 23 de diciembre de 2022

Cosas rotas, abrazos eternos

Han pasado muchos años y hoy pude ver a Tania. De la nada, de los todos los momentos que no esperaba, ella fue. 

Y aunque en la mañana lleve a una persona perdida y drogada a su casa, cerré muchos los ojos y llore demasiado camino a El Grito "siempre pones esa cara de tristeza, verdad VeJota"? Me habían dicho, lo había escuchado, lo había sentido. 

Tomar posiciones, defenderse, entregarse. Hoy me deje solo, frente a ella. El pasado estaba aquí y me dijo muchas cosas. Más disculpas allanaron un caso que no tenía ni juez, ni testigos, ni morada donde exculpar los dolores. Pero mientras me hablaba solo daba un paseo a mi presente, en esos ojos de Tania, ojos saltones y profundos. ¿Quiero llorar frente a ella una vez más? Y sólo pensaba en mi casa en Comas, en mi historia no contada en este blog o analizada desde la perspectiva que ella tiene hoy, desde mi rapidez o su calma. 

Ha crecido, no es igual a mi y en sus diferencias no soy igual a ella. Y esta bien. Aunque cuando caminaba no quería dejarla, persona recta que aprendió a saber que clamor escuchar. Y la calle suena y sueña mucho. Dentro suyo, dentro de mis caos. Alejarse, gritar, escapar. Pero esta vez (si otra vez) no lo hice, al menos no a su dirección.

«Tengo un lugar sensible en mi corazón para tullidos, bastardos y cosas rotas».

Un abrazo grande, que no quise que termine pero terminó, me siento bien en ese mar de tristezas que me ahoga con amor. Ese amor que está allí y ahora solo vive, no con mis maneras de vivir. 

Casi casi, pero esta vez sí fue lo mejor. Y fue bueno hoy.  Muchas gracias. 

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