Han pasado dos días desde que me encuentro en la ciudad de Trujillo. En un principio, vine con la intención de buscar lo que no encontraba en Lima ¿qué? no lo sé. Lo encontré? tampoco. Pero me vengo de conversar con Jorge, un subte de los 80 y me dejo esa nostalgia que siempre tengo cuando me toca analizar mi situación en este mundillo "subte", alternativo", o como mierda se llame. Es bueno, encontrado fanzines y he investigado. Entrevistado, comportado como lo que quiero ser. Una persona responsable con mi idea. Pero no sé cuál es mi idea, solo sé que es tan fuerte que le haría caer el culo de verguanza a Dios por la envidia (Leusemia dixit) y que por la mañana en el desayuno, escuchando Espejo Quebrado de Voz Propia, trato de levantarme y olvidarme de todo, de Lima, de su dinamismo, de sus mentiras, de mi presión, de mis sentimientos.
Ayer estuve en una sala de espera, le cedí el asciento a una señora con su bebe. Me fui con Clau buscando un lugar. Un lugar donde tomar el único jugo de naranja que pude observar bajo un cielo grios de esta, la ciudad de Trujillo.
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