
Hay algo extraño en estos días. Los deja vus, los sueños, los instantes que no pasan, los pequeños gestos. No es cuestión de despertarse en el un sueño y estar durmiendo con Tania a pesar que estoy despierto en otro lugar. Tampoco sentir el pequeño gesto de Alessandra que cada vez más se aleja de mis concepciones (y lucho con el deseo de no perderla). Ayer soñé que estaba la hermana de Eliana en un gran pasillo con techos de cuadros negros y blancos, la felicité por el embarazo y me acompañó a una escalera donde no había sonido alguno y el final solo era la entrada a otro piso. Cuartos y callejuelas oscuras. En el fondo mis amigos en una juego de mesa donde el número mayor no podía ser el as de espadas. Sé que estoy soñando y sé que puedo cambiar ese momento, sin embargo no puedo salir de ese edificio y el techo se convierte en pisos que son duros de romper. Acaso estoy loco. Los domingos de madrugada sigo con el alcohol que me calma. Y extrañamente vuelvo a crecer en esa calle tan larga que quiere llegar algún pasaje. ¿Quiero que sea el de Alessandra? O me estoy encerrando en los sueños de estrellas o limones. Tengo miedo otra vez.
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