sábado, 4 de septiembre de 2010

Deja arrastrarte

La segunda parte.

Se me cayó una botella, me sentí un huevón por hacerlo cuando la habiamos sufrido demasiado para conseguir el dinero. No sabía dónde mirar.

- Ya sé hay que vender esto, nos darán al menos para unos cox y saldrá pa la bajada -

No sabía que resonderle, me acaba de besar, acaba de sentirme desnudo en el pavimento. Estabamos sentados en aquella vereda, eran las mil horas de la madrugada. Aquella tarde habiamos quedado en vernos pero ella había sido arrastrada por los recuerdos, recuerdos que nos hacian bailar en el Etnias y nos gritaban colores sabor a neón. Eramos felices en aquel verano y a la vez eramos sombras que podían confundirse con la noche. Eramos el ejemplo, eramos la botella rota en el pavimento.

- No, se te ve lindo a ti-
- !ahi cikuta! deja de mirarme así -

Respiraba aquella noche, una noche en que sentia que las grises paredes de la calle eran mi casa, dos fracasados en el pavimento, las clases nos habian enseñado que si contestas bien la pregunta te ganarias el futuro más preciso. Nosotros no teniamos futuro. Y esa noche era mi fotografía que no puedo dejar quieta, que se sigue moviendo en el sueño subterráneo de querer destruir al mundo, tenerlo a mis pies y que los amantes se sigan amando sin que duela, sin que suene el telefono buscando el millón de dolares, sin que tengamos que levantarnos de ese óvulo y que nos protegamos ante la bomba atómica que significa despertar.

La siguiente fotografía nos encuentra en un hotel barato, manchada de sangre de su menstruación y muchas risas, demasiada risas porque los demás eran tontos y nosotros eramos los reyes del mundo. Habían pasado dos años después de tocar fondo, 3 años desde la última vez que me internaron en un hospital después de suicidarme para que una persona triunfe. Yo sabía que por Milagros iba a ir a mi oscuridad, pero yo sabia que por Milagros podiamos quedarnos la tarde viendo Candy sin tomar una cerveza pero buscando diversión. Soy un niño, el sexo me envuelve más y ella responde "eres la única persona que conosco que no me obligó a tirar, que prefiere verme sin tocar, estas cagado del cerebro pero... " . Y Milagros me lo pone, no en mi brazo porque no sabe donde ponerlo, me lo pone o es algo que ya no recordé. Y el bus sigue avanzando para atrás, ella tiene que ir a una destino de la que nunca salió, es de día pero se sigue viendo una estrella. No sabe si mirarme o no, pero Mily siguió su viaje.


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Las calles de Lima han estado allí para no dejarme caer. Pero yo estado allí para pedirles tregua. Para pintar con aerosoles los nombres de las personas que amo, para encajar y continuar el engranaje, para ser una fotografía azul. Como la llamada que acabo de recibir pidiendo ayuda nuevamente. Como el rechazo de no querer ser un bonzo cuando ya estoy desmasiado prendido. Porque es dificil guardarse todo cuando quieres sentir. Cuando solo quieres quedarte callado, queriendo sin lucrar con nuestro placer. Porque la sola mención de la estrella que tengo tatuada en el rostro me produce alegrias y la ambivalencia de sentirme cero. Porque la inocencia se pierde cuando buscas suplir los abrazos por las caricias, los discos de rock and roll u obvios destrozos en el cuarto que nunca me quiso soltar. La habitación 18 me dice que mamá llora, que quiero caminar por las calles y que soy un inutil que se le permite pensar por tener una hermana que me cuida, unos padres que me pagan, un ladrón que me admira. Yo quise recuperar la dulzura y quise entender todo lo que pasa a nuestro alrededor. Alessandra me demostró que "ella es". Todas las idas y venidas del cielo de Lima.

Mis camaradas tienen que aparentar sus perdidas. Pero "nosotros no llorar nuestros logros". Porque somos una fotografía que quizá borracho se pueda observar mejor. Pero si solo miramos al cielo y empujamos el presente. Porque mañana no existe cuando la historia es cíclica. Como 70 mil muertos en sus tierras. O mil cadenas protegiendo una pulsera. Que la mano del destino y la locura no esten presentes. Porque no podemos ser felices cuando la noche llega.

Y sí, querer. Espejos quebrados. Dejar arrastrarte. Caen personajes, lugares, palabras, deseos.

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No sé si la estrella estuvo allí antes o después de que yo naciera. Solo sé que no pertenesco a su luz, solo soy la parte que se contrapone para que sea mejor vista. Y Milagros continua su viaje. Vamonos!

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